LOS SIGNOS CLAROS

Es un hecho memorable el que en una Universidad de Italia, "la Sapienza", se le haya cerrado la puerta en las narices al pastor alemán, señor Ratzinger. Y es memorable porque hasta no hace mucho hubiera sido considerado un acto deleznable, condenado y perseguido por los políticos hipócritas y toda una horda de lameculos religiosos. Es uno de esos "signos claros" de que las cosas están, definitivamente, cambiando.
Y es un "signo claro" también, para una multitud de ociosos intelectuales, ateos de papel, para quienes la clasificación y la flatulencia ideológica es más importante que la acción. Y es su error fatal, pues estos individuos, con sus toneladas de papeles que nadie lee ni que pueden ser usado de otra manera, no logran poducir un solo hecho relevante, mucho menos memorable, como este simple pero definitivo y esclarecedor portazo.
Y son los mismos que nos critican a nosotros, miembros de la FIdA, porque hacemos las cosas a nuestra manera y no a la de ellos; porque no usamos sus ociosas clasificaciones; porque no damos espacio a los latosos intelectuales sembradores de bostezos; porque, en fin, hacemos y logramos cosas que ellos ni imaginaban que era posible.
Las líneas de esta lucha están siendo trazadas, cada día, con mayor claridad. Por una parte están los mencionados ociosos que gastan tiempo y energía en darle vueltas a ideas que ha nadie les interesa; por otro lado los envidiosos y figurones que solo buscan algún espacio para descargarle a los concurrentes su artillería pesada de verborrea inconsecuente; también están los que no dicen si ni no, que están si las cosas salen bien pero que critican si salen mal, pero aportan un carajo a la causa; y por último están los activitas, quienes realizan cosas, quienes no se pierden en discusiones académicas cuando se trata de luchar contra enemigos poderosos, quienes no se desvirtúan en discusiones vulgares cuando es necesario accionar.
Esto es lo que ha sido la FIdA desde un comienzo, y lo ha demostrado con creces. Esfuerzo y sacrificio en la conquista de los fines. Hoy son quizás humildes, pero nadie nace corriendo; el paso a paso es mas lento pero seguro. Un trabajo sólido y meditado rinde más frutos que las tumoltuosidades intelectualoides. Y, lo importante, sin personalidades descollantes que buscan convertirse en líderes magníficos. Humildad es también uno de nuestros nombres.
Así trazadas las líneas de este mapa, queda muy claro por dónde tendremos que avanzar. De partida, sin esperar mucha ayuda, por lo menos hasta lograr alcanzar metas mayores. En ese caso, comenzarán a aparecer los aprovechados de siempre. Un mal humano y, al parecer, imposible de erradicar. Pero, ¿saben? Ni eso logrará detenernos. Hemos demostrado lo que es posible, en una medida modesta pero clara y concreta. Nuestros logros irán en aumento, sin duda, amparados no por una fuerza ideológica ni por una disciplina férrea, sino por la voluntad individual de conquistar aquellas metas comunes, por el aporte de individuos enterados y por el deseo de obtener resultados concretos y reales sin perderse en discusiones bizantinas.
Y el signo más claro de todos es que hemos marcado una ruta a todos, aunque a muchos les duela.