EL RIDICULO DE LA ENVIDIA

La envidia vuelve imbéciles a las personas. Es un hecho demostrado cada día. Hoy tenemos más pruebas. Algunos decerebrados que han quedado "desencantados" porque la FIdA se negó a darles un protagonismo que no merecen, comienzan a sembrar esa insidia venenosa propia de quienes no tienen inteligencia suficiente para entender aquello que se denomina "altura de miras". Solo ven su propio ombligo, con el cual además piensan. Y lanzan acusaciones como disparando a la bandada, a ver si algo cae.
Esta actitud cobarde, traicionera y falta de toda inteligencia es común en aquellos que carecen de espíritu de equipo, de sentido de comunidad. Con sus expresiones no hacen sino notar esos graves defectos en quienes se consideran "partícipes de una lucha" pero en la cual solo están dispuestos a participar si se llevan los créditos sin hacer ningún esfuerzo.
"Tengo razones sufientes para pensar que no son trigo limpio, pero necesito tiempo para todo esto. Lo que sí sé es que me han engañado y manipulado aprovechándose de mi pasión por el ateísmo, aún dando todo lo que podía dentro de mis posibilidades, cosa que ya he dicho en algún que otro site y reafirmo aquí."
Las razones, de acuerdo a toda ley, no son suficiente; son necesaria las pruebas, las que jamás tendrán porque no existen. Solo existe la malévola intención de desperstigiar, de calumniar. ¿Que se han aprovechado de su "pasión por el ateísmo"? ¿No sería adecuado dar las "razones" de aquella acusación? No lo hará, porque solo hay una: envidia.
"Y continúo sin dar nombres, pero los que han estado ahí cerca de mi saben, y creo que tú también has estado, saben perfectamente lo que estoy diciendo." Esta frase señala la malintención intrínseca, la podredumbre de conciencia. Y agrega: "Siento no poder aclarar nada más pero, como digo, hace falta un poco más de tiempo y evaluar la situación."
¿Como es posible que alguien decente lance acusaciones a granel sin tomarse el "tiempo y evaluar la situación"? Eso lo hacen los infames, los canallas y los malintencionados, aquellos que solo alojan resentimiento y podredumbre en su corazón y su conciencia.
Pero hay algo positivo en todo esto: siempre cuando se está realizando una labor importante, una tarea relevante y trascendente, aparecen estos párasitos resentidos; son una señal inequívoca que vamos por el camino correcto. ¿No fue lo mismo lo que le sucedió a Leonidas y sus tresceintos cuando decidieron defender la cultura griega? ¿No fueron los oráculos y los políticos envidiosos los que se vendieron al enemigo? De la misma forma, quienes lanzan esas acusaciones son, precisamente, quienes están trabajando para el enemigo, quienes buscan dividir y destruir lo construido, detener nuestro avance en contra de las irracionales religiones.
Son ellos los traidores y lo demuestran sus actos. Son ellos los vendidos y lo señalan con sus intenciones. Y yo no tengo solo "razones suficientes"; tengo las pruebas inequívocas expresadas por ellos mismos en sus propias palabras y el veneno que trasuntan.
Y si tampoco doy nombres es porque no quiero manchar estas páginas, pero no es necesario hacerlo pues todos saben quienes son y cuales son sus intenciones.
No lamento estas acciones; repito que son la más inequívoca señal de que avanzamos, pues no son más que ladridos de quiltros. Y si creen que van a detener nuestro avance, están muy equivocados. Son precisamente estas acciones bastardas las que nos dan más fuerza, más motivación en nuestra lucha, pues indican inequivocamente que estamos en lo correcto.
Lo que no te mata te hace más fuerte, aunque estos pendejos no lograrían matar ni a una mosca, pero como los zancudos, resultan molestos e irritantes. La FIdA está más sana y potente que nunca y con este combustible, tendremos aún más motivación en nuestra lucha.
Ahora es claro que no solo combatimos contra las religiones; también lo hacemos en contra de los cretinos envidiosos que le hacen el juego, aunque no son adversarios relevantes; ya lo dije, no son más que una molestia.
Pasará el tiempo y vendrán, estos mismos que hoy nos calumnian, a golpear nuestra puerta. La vida es una rueda que gira sin cesar; la única forma de no quedar debajo es conservar siempre la integridad.

¡Amig@s fied@s: somos más fuertes porque tenemos la razón!