EL CONCILIO ATEO AD PORTAS

Amigos ateos:

Resulta verdaderamente sorprendente que, de modo completamente involuntario, nos hayamos convertido en centro de atención de parte relevante de la opinión solo por haber querido hacer uso de nuestros derechos derechos ciudadanos. Es de lo más insólito, porque nadie arma tanto escándalo ni escribe escarnios y mentirillas estúpidas para desvirtuar reuniones episcopales, congresos políticos ni ningún otro tipo de reunión donde se dicen y se planifican las canalladas más grandes ocultas bajo el velo hipócrita del "bien común" que por lo común no es más que un bien para los de siempre, a quienes todos conocemos.
El I Concilio Ateo Mundial a celebrarse en Toledo en principios de diciembre es, sin duda, un acontecimiento histórico importante, más allá de lo que se discuta en él, por el simple hecho de ser, efectivamente, el primero en su género. Quienes lo organizan sin duda pasarán a la historia, y quienes colaboremos con él, de un modo menor, también. Hoy nos puede parecer algo anecdótico, pero transcurrido el tiempo se recordará como un acontecimiento fundamental en la lucha por la completa libertad de pensamiento y por la liberación también de toda influencia supersticiosa, léase religiones.
Quienes escriben articulejos maliciosos en contra de este evento sin duda que tienen muy clara esta importancia; si no, no dirían nada. El valor de este acto radica, principalmente, en que a nadie se le había ocurrido realizar algo así con anterioridad, en parte porque, en el pasado, no se podía sin correr un riego fatal y, más actualmente, por no molestar a las religiones que aún son consideradas por los ignorantes y los mentecatos como "intocables". Bueno, este Concilio marcará la diferencia al establecer, especialmente, dos cosas -además de otras muchas-:
1º. Las religiones dejaron de ser, definitivamente, los amos de la humanidad.
2º. La razón y el respeto a las ideas y opiniones es el único instrumento humano que permite la constante superación, el verdadero progreso.
Con esto, las supersticiones -léase religiones- dejan de tener toda relevancia y, peor aún, comienzan a convertirse en un escollo.
De allí que este modesto evento, tan vapuleado y vituperado, sea, en realidad, especialmente temido por quienes saben que han estado usufructuado indebidamente de la credulidad de unos y el temor de otros.
Como lo dije en una ocasión anterior, nos encontramos como los 300 de Leonidas deteniendo el avance de los totalitarismos en el estrecho paso de la Termópilas, defendiendo la cultura de la razón. No es algo menor, si bien lo piensan. Más aún, es algo realmente importante, relevante, y me parece importantísimo que, por lo menos en esta ocasión, dejemos de lado nuestras naturales discrepancias para cerrar filas frente un enemigo común, aún formidable, y que no tiene la menor intención de ceder terreno. Ya tendremos tiempo de discutir nuestras diversas versiones de vida e ideas; lo que importa ahora es crear el ambiente que no nos impida realizar eso mismo en el futuro.